domingo, 24 de junio de 2012

27

Aquel oscuro lago, ese vacío, ese olor. Malhumorada levanto la vista, ¿dónde está? Aquel barco que cruza todos los días de orilla a orilla. Puedo sentirlo, pero no lo veo, tal vez sea la niebla que emborrona el horizonte.
Siento el viento, pero aquello no hace que mis pensamientos mejoren. Quiero ver el barco otra vez, como cada mañana. Pero no lo veo. No está. Quiero volver a imaginar historias, pero no lo veo, y así no puedo.
De pronto, una voz, "encuéntrame". No lo entiendo, estoy sola, en la orilla del lago. "Encuéntrame". Me giro, y miro entre los árboles, y nada, ni un pequeño pajarillo sale al encuentro de mis ojos. "Encuentrame". La voz de nuevo.
- ¿Dónde estás? Sal de tu escondite
- No puedo, encuéntrame
- ¿Cómo que no puedes? ¿Dónde estás escondido?
- Si te lo digo, ya no vale, tienes que encontrarme para que el juego acabe

De pronto, me veo a mi misma buscando entre los árboles, entre los arbustos, pero nada, aquella voz no aparece. De pronto, una pequeña risotada.

- No te encuentro, ¿dónde estás?
- Búscame, vamos, no es díficil, se me ve desde el lago
- ¿Desde el lago?

Silencio. Me muevo como una tonta, a paso rápido para terminar con ese estúpido juego, y de pronto un niño pequeño asustado asoma la cabeza.

- Me has visto, ya ha terminado
- ¿Qué ha terminado?
- El juego, has descubierto mi escondite
- Pero yo no estaba jugando
- Claro que sí, me buscabas, yo era aquel niño que viajaba con su padre en aquel barquito

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